martes, 22 de septiembre de 2015

LITERATURA CLÁSICA VERSUS LITERATURA DE DISEÑO (II)

d.) De la literatura "a la carta" a la literatura universal
            
       Se trata de conseguir que los niños y jóvenes se hagan adictos a la lectura, pero no a la lectura infantil o juvenil; por tanto ésta no puede ser excluyente, ni tener un horizonte cerrado; no olvidemos por otro lado que los jóvenes están fascinados por ellos mismos como tema. 
       Tratando temas que les interesen y utilizando un lenguaje accesible se consigue captar su atención y prender su voluntad, pero contribuimos a que se replieguen más sobre sí mismos. Se raya a veces en la adulación a estas generaciones tratando con excesiva ligereza o incluso el ridículo más grosero a los adultos que tienen que tomar decisiones por ellos; se culpabiliza al adulto y se absuelve al joven cayendo en una demagogia barata.  Hemos llegado a la situación de que  escribir para niños o para jóvenes se ha convertido en un "texto a la carta" en la que se condimentan los ingredientes arriba mencionados con algún que otro aditivo, dando como resultado un auténtico libro‑salchica; está en sintonía con la cultura de la hamburguesa. 

             Sin embargo se está actuando al revés de cómo surgió la Literatura Infantil y Juvenil. Algunas grandes obras clásicas de Literatura Juvenil no fueron escritas pensando en los jóvenes como tampoco Perrault pensó en un público infantil cuando recopiló sus cuentos. Han sido niños y jóvenes los que se han apropiado de aquella literatura haciéndola también suya. Otros autores devorados posteriormente por jóvenes lectores tuvieron in mente un público popular cuando escribían sus obras; tal es el caso de Julio Verne. Stevenson sí que pensó en los jóvenes cuando escribió La Isla del Tesoro. Pero la gran característica de estas obras es que han permanecido a lo largo del tiempo, y que su universalidad ha hecho que podamos acercarnos a ellas a cualquier edad.  ¡Es una literatura que incluso los niños la pueden leer! nos ha dicho Savater. 
         
   La expresión artística está impregnada de la época histórica que le ha tocado en suerte pero el efecto resultante traspasa los límites espaciotemporales. La estética es intemporal, es decir independiente del curso del tiempo. Y si no queremos que se queden en esa lectura pobre y replegada en sí misma,  si no queremos que dejen de leer cuando dejen de ser adolescentes y ya no les valga el "traje cortado a medida",  si queremos abrirles a la riqueza del patrimonio literario es necesaria la degustación de la buena literatura, la juvenil y la otra; debemos promover la iniciación a la literatura universal que se mueve en registros emocionales y culturales más amplios; porque de lo que se trata es de conmover el corazón a veces con la intriga, otras con el asombro, en otros momentos con la fascinación, el terror o la perplejidad metafísica. 

Los buenos lectores, aun siendo jóvenes ya han dado ese paso y no necesitan de este tipo de libros "a medida", o incluso los han leído antes de llegar a la adolescencia; son los que necesitan este tipo de libros a los que se debe ayudar e insistir en la necesidad de intentar los otros. Quizás el lector de 15 ó 16 años, si realmente es un lector maduro ya no se conforme con la literatura juvenil y busque la literatura sin etiquetas. También quizás los que consumen literatura juvenil sean niños algo más grandes o simplemente niños que consumen indistintamente literatura infantil y juvenil. Convengamos pues que se trata de literatura que necesitan algunos lectores para dar el salto. 

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