martes, 16 de junio de 2015

Estética de la lectura



Autor: Pedro Aullón de Haro

Editorial: Verbum, Madrid, 2012




Estamos ante un ensayo de gran erudición y no menos profundidad sobre los discursos históricos de la lectura así como de la consideración de ésta desde una teoría general como una construcción teórica en el marco de la historia del pensamiento y de la cultura.



Según Aullón de Haro lla ectura comparte el misterio esencial del lenguaje que consiste en percibir que la realidad material se torna metafísica produciendo significado; es decir crea formas y produce transformaciones verdaderas con el concurso de la reflexión.

La escritura por su parte sería así la forma visible del lenguaje que se retorna audible e invisible mediante la lectura. En este sentido la lectura vivifica porque leer es crear, multiplicar. También la lectura encierra la voz y presupone el silencio. Además es una experiencia artística e intelectual, en tanto que interviene directamente sobre el espíritu del lector.

El autor también llama la atención, para no llevarnos a engaño, de que en realidad vivimos en una sociedad de la información y no del conocimiento como mucha gente pudiera pensar.



Cita a Schopenhauer para quien leer es una alternativa del pensar y equivale a pensar con un cerebro ajeno. En este sentido la novela sería para él un género detestable; este filósofo alemán salva pocas obras de esta apreciación y una de ellas sería El Quijote. Sin embargo aquellas que salva por su calidad aconseja leerlas varias veces para acceder a todo lo que nos tienen que decir. Continuando con Schopenhauer, clasifica a los escritores en estrellas fugaces, planetas y estrellas fijas. Las primeras se presentan como un estruendo pero pronto desaparecen; los planetas, por su proximidad, brillan más para sus contemporáneos, pero su luz es prestada y acaba. Las fijas, como los grandes escritores, pertenecen al mundo, no cambian de aspecto, y permanecen inmutables para la Humanidad.



Volviendo al autor Aullón de Haro, en el libro que estamos comentando describe diversas clasificaciones y tipologías de la lectura destacando de todas ellas la que denomina lectura seria, la más profunda y atenta, la que eleva la comprensión y la imaginación intelectual hasta lugares privilegiados.  Y advierte de que el abandono de esta lectura, o su merma (que permanece secular en un sector significativo de las sociedades), produciría, sin duda, una caída de las capacidades de intuición, comprensión y reconciliación con el mundo sin posible analogía.

Estas reflexiones le llevan a lamentar el que hoy en los centros apenas se proponga “leer a los clásicos” en parte porque apenas hay alumnos capaces de hacerlo. En parte también porque acostumbrados a la lectura  en línea  se está provocando cierta “digresividad errática que en sus formas extremas tiene como consecuencia la dispersión psíquica y conceptual así como la fragmentación del sentido de la realidad”.

Para la cubana Camila Henríquez Ureña esta incapacidad se debe a los obstáculos que tiene el lector inexperto por su propia personalidad, su ignorancia, su querencia de leer solo cosas sencilla o su error de confundir el goce estético con la diversión.




Destaca también Aullón la dicotomía entre Witttgenstein y Stanley Cavell por una parte, para quienes la lectura es siempre íntima, personal e intransferible y, por otra, Martha Nussbaum para quien la lectura participa de lo público, caso de la tragedia griega o la novela moderna, que si bien tienen un cariz personal, se proyectan más allá del individuo; nuestro autor se decanta por este segundo modelo de lectura ya que considera que en las grandes obras hay ideas, emociones o sentimientos que transcienden el tiempo y el lugar y se erigen en universales de la condición humana.

Y ello a pesar de que, como asegura, no hay dos lecturas iguales del mismo texto, ni siquiera por el mismo lector; porque el tiempo produce significado. En este sentido la lectura es un acto irrepetible. Según André Maurois  la lectura puede interpretarse como un diálogo en diferido y un discurrir especializado de la tradición.


Entre los grandes promotores de la  lectura en la España de principios del siglo XX destaca Hipólito Escolar al que el volumen le dedica numerosos y bien merecidos apartados y para quien todas las lecturas tienen en común el de “ser educativas, pues amplían los conocimientos, crea motivaciones y actitudes, conforman el yo individual y determinan el comportamiento social”.

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