martes, 21 de julio de 2015

Frenando el cambio climático

 El autor Mark Stevenson en su libro Un viaje optimista por el futuro (Galaxia Gutemberg, 2011) describe un interesante método llevado a cabo en Australia por el que se pueden extraer miles de millones de toneladas de CO2 de la atmósfera cada año.
Es una forma segura, eficiente, inmediata y rentable, al tiempo que aumenta la biodiversidad, fomenta la seguridad alimentaria, invierte el avance de los desiertos y mejora la vida en las comunidades rurales.        
Se basa en el mismo principio por el que se desarrolla el paisaje del Serengueti, una pradera natural que acoge a dos millones de animales; éstos, que están en un continuo peregrinaje, comen las puntas de las hierbas solamente y como avanzan no esquilman la planta; por el contrario esta forma apresurada de pacer favorece el renacimiento de la planta ya que al reducir su altura el sol entra más en la base del tronco herbáceo donde los brotes al recibirlo salen con más brío.  La altura de la planta hubiera sido un problema. Los animales son fundamentales para su regeneración constante sin llegar a esquilmarla al no volver a ella hasta el año siguiente.

Pues bien, esto no ocurre con las granjas en clima seco porque tienen a su ganado pastando en los mismos prados siempre con lo cual terminan debilitando la vegetación al incidir una y otra vez en la misma planta hasta llegar a los brotes. Y cuando se pierde vegetación disminuyen los niveles de carbono en el suelo que va a parar a la atmósfera. Es esta una degradación que se viene  produciendo en las praderas de todo el mundo.

Sabemos que el suelo necesita la hierba para enriquecerse en humus y por tanto en CO2. El Serengueti nos dice que la hierba necesita animales, a pesar del metano. Por tanto no es que tengamos demasiado ganado, es que tenemos poca hierba. Trabajando conjuntamente estos dos elementos el sistema sería una gigantesca bomba extractora de carbono pudiendo extraer cantidades ingentes de CO2 de la atmósfera.
   
Este es el modelo implantado en el interior australiano; y allí se constata que se está rejuveneciendo la biodiversidad a la vez que aumentan los beneficios de las granjas y se captura CO2 para fijarlo en el suelo.

En casi todo tipo de suelo, si se aumenta la materia orgánica (hierbas por ej.) un 1 por ciento a una profundidad de treinta centímetros (raíces), se secuestran aproximadamente cien toneladas de CO2 por hectárea.
La FAO calcula que hay 3500 millones de hectáreas de pastos agrícolas en nuestro planeta. Si pudiéramos aumentar la materia orgánica en ellas en un 1 por ciento se compensarían doce años de emisiones de CO2 en el mundo entero.

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