miércoles, 22 de mayo de 2013

Cómo Justin Case engañó al destino



Autora: Meg Rosoff
Traductora: María Porras Sánchez
Editorial: Siruela, Madrid, 2011. 19,95 €


Justin Case es el nombre que el protagonista se ha dado a sí mismo para romper con su pasado; fue por causa de una experiencia que pudo ser dramática y que le hizo reflexionar sobre las posibilidades tan distintas que pueden influir y determinar el transcurso de nuestra existencia. 

El desencadenante se produjo el día en que, el todavía David Case, estaba en su habitación, y en un momento dado, su hermano, que estaba aprendiendo a caminar, pasó junto a él y se dirigió tambaleándose hacia la ventana abierta del cuarto; con algún esfuerzo se aupó hasta el alfeizar, se puso en cuclillas y finalmente se enderezó hasta ponerse de pie en un precario equilibrio mientras miraba con solemnidad la torre de una iglesia cercana. Cuando Justin levantó la vista se hizo cargo de la situación y se abalanzó al otro extremo de la habitación agarrando al niño en el último instante. Si hubiera tardado dos segundos más su hermano estaría muerto y él tendría una carga sobre su conciencia difícil de soportar. Dos segundos era la diferencia entre el transcurrir de su vida normal y el inicio de una desviación que solo con pensarlo le aceleraba el corazón y le zarandeaba la cabeza. A partir de este momento empezaron a hollarle el cerebro dos palabras que aplicaba a cualquier situación que pudiera derivar en catástrofe: ¿Y si…? Así empezó a asediarle un mundo imaginario en el que el destino se presentaba como un caprichoso y todopoderoso personaje.

Con la lectura de este libro el lector se sumerge en el universo mental de un adolescente de quince años que se siente perdido mientras observa cómo se va transformando su cuerpo; nuestro desorientado protagonista cree a veces que su cerebro podría salir y observarle desde fuera; a veces se le ocurre que su cuerpo y él caminan por sendas  distintas. Y mientras esta auténtica metamorfosis personal se va produciendo hasta alcanzar un cierto equilibrio emocional y físico, Justin se debate con el destino en un mar de dudas y de inseguridades en ese largo momento de espera y de suspense que es la adolescencia; son los recursos básicos que utiliza toda novela de iniciación que se precie. (P.M.) Publicado en Peonza Nº 103 diciembre 2012


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